Fundamentos y estructura de la convocatoria

El car�cter innovador de la propuesta deb�a justificarse en relaci�n a la propia instituci�n y su medio local, es decir, proponiendo la ejecuci�n de algo que nunca se hubiera hecho antes en ese �mbito. Bajo esa condici�n, los proyectos pod�an encuadrarse en uno de los siguientes tipos, o combinar dos o m�s de ellos:

* orientados a mejorar actividades que los museos ya desarrollan con sus p�blicos, por ejemplo: proyectos de exhibici�n, conjunto de actividades y/o materiales complementarios a las exhibiciones o afines al acervo, actividades diferenciadas para distintos tipos de p�blico, incorporaci�n de salas interactivas, etc.;
* que generen innovaciones y permitan ampliar el acceso al patrimonio, por ejemplo: realizaci�n de cat�logos, inventarios computarizados y bases de datos consultables, galer�as de estudio, dep�sitos visitables, servicios virtuales, etc.;
* orientados a alentar el uso de los museos en sectores cuya poblaci�n no los utiliza hasta la fecha, por ejemplo: proyectos "piloto" con sectores espec�ficos de la poblaci�n, museos escolares o comunitarios, etc.
* proyectos de reorganizaci�n estructural o capacitaci�n interna que permitan redefinir e implementar pol�ticas de extensi�n.

El desaf�o fue concebir un concurso en el que instituciones e individuos con distintos niveles de experiencia y realidades socioecon�micas, pudieran competir en razonable igualdad de oportunidades: una convocatoria en la que las ideas y la voluntad de llevarlas a cabo dieran la oportunidad de participar, sin pautas que marginaran a instituciones de corta vida o a individuos cuyos antecedentes se expresaran en historias de vida m�s bien que en curricula vitarum tradicionales. Este planteo inicial se reflej� en los siguientes aspectos:

* Concurso "a dos vueltas". En la primera presentaci�n, que deb�a realizarse dentro de los cuatro meses posteriores a la convocatoria, hab�a que explicar qui�n quer�a hacer qu� y d�nde; no era obligatorio presentar la versi�n completa del proyecto, sino establecer las caracter�sticas fundamentales que permitieran al Comit� de Evaluaci�n formarse una idea clara del mismo. En la segunda, cinco meses despu�s de que se eligiera a los finalistas, deb�an completarse todos y cada uno de los puntos del formulario.
* Convocatoria abierta. Los concursantes pod�an ser: a) museos (estatales, privados o mixtos) y/o sus �reas y sectores; b) profesionales, artistas o especialistas, internos o externos, que contaran con el aval de la instituci�n sede de la experiencia; c) otras instituciones ligadas al quehacer cultural, como organizaciones no gubernamentales, institutos, secretar�as de cultura municipales, etc.
* �nfasis en la figura del responsable del proyecto. Adem�s de sus antecedentes, el responsable deb�a fundamentar por qu� consideraba que era la persona indicada para ejercer dicha responsabilidad y describir, brevemente, la imagen que ten�a de la instituci�n y del proyecto.
* Reconocimiento al trabajo realizado. Las personas que colaborasen en el proyecto podr�an recibir honorarios por las horas de trabajo adicionales que demandara su ejecuci�n.

La estrategia de difusi�n

La convocatoria se hizo p�blica el 23 de marzo de 1997. Se consider� importante hacer una difusi�n personalizada por lo cual, entre otras acciones, se contrataron dos asesores t�cnicos para que hicieran contactos telef�nicos con los museos y organizaran encuentros en varias ciudades. En estas reuniones se alentaron diferentes posibilidades, como:

* encarar acciones simult�neas y no necesariamente s�lo una de ellas; por ejemplo, realizar un nuevo cat�logo, a ra�z de una muestra, que exigiese capacitaci�n de parte del personal y una difusi�n distinta de la habitual. Se destac� especialmente que, en muchos casos, la capacitaci�n facilitar�a la sustentabilidad deseada, por lo cual el proyecto pod�a incluir la contrataci�n de personal externo para la formaci�n o enviar a tomar cursos en el pa�s o en el extranjero;
* presentar proyectos conjuntos, entre varias instituciones. Se alent� la formulaci�n de proyectos por parte de otros actores comunitarios, capaces de imprimir �pticas o din�micas nuevas a las instituciones y su relaci�n con el p�blico. Tambi�n se alent� la constituci�n de redes para los peque�os museos;
* encarar la elaboraci�n de un proyecto como una oportunidad de aprendizaje institucional, valiosa per se, m�s all� de los resultados que se obtuvieran en el concurso.

El impacto de la convocatoria

Al cierre del concurso, el 31 de julio de 1997, se recibieron cerca de 430 proyectos presentados por m�s del setenta por ciento de los museos argentinos. Del total, casi un setenta y cuatro por ciento se identific� como estatal; un diecis�is por ciento, como privado; algo m�s del dos por ciento, como mixto. Aproximadamente, un ocho por ciento correspondi� a instituciones "a crear". En cuanto a su distribuci�n geogr�fica, el ochenta por ciento fue del interior del pa�s y los restantes, de la ciudad de Buenos Aires. Por �rea de inter�s, el diecis�is por ciento fueron museos de arte; veintiocho por ciento, museos de ciencia; treinta y siete por ciento, de historia (con fuerte presencia de los peque�os museos hist�rico-regionales).

La labor del Comit� de Evaluaci�n

El trabajo del Comit� fue muy intenso, no s�lo por la cantidad de participantes sino tambi�n porque la predominante inexperiencia en la presentaci�n de un proyecto se tradujo en propuestas muy heterog�neas, tanto en sus ideas como en su formulaci�n. Finalmente, a fines de setiembre de 1997, el Comit� seleccion� cincuenta y dos propuestas para la segunda instancia y formul� observaciones, sugerencias y recomendaciones. La Fundaci�n encar� entonces una nueva ronda de visitas a los finalistas para obtener un informe ambiental de cada instituci�n y facilitar su segunda presentaci�n.

Finalmente, el 10 de marzo de 1998, cuarenta y nueve finalistas hicieron su segunda presentaci�n; en todos los casos se verific� que hab�a mejorado mucho la claridad conceptual y la formulaci�n de las propuestas. A mediados de junio, el Comit� se expidi� a favor de cuatro proyectos. Sin embargo, dada la calidad de otras presentaciones, adjudic� adicionalmente cinco menciones honor�ficas.

Algunas consecuencias del concurso para la Fundaci�n YPF

Los concursos marcaron la aparici�n en p�blico de la Fundaci�n, ubic�ndola como entidad dedicada a promover el mejoramiento de las actividades educativas. En el medio local, donde en los �ltimos a�os han proliferado las fundaciones no demasiado transparentes y las sospechas acerca de su real finalidad, la Fundaci�n YPF logr� vencer ese primer obst�culo e instalarse, a los ojos de la comunidad, como una organizaci�n seria. La comunicaci�n y publicidad de sus acciones, junto con el cumplimiento de sus primeros compromisos en los plazos establecidos, han configurado una imagen confiable de la instituci�n. Otras consecuencias que merecen destacarse son:

* el gran impacto de la convocatoria, ya verificada a trav�s de las reuniones iniciales. La modalidad de difusi�n personalizada provoc� una especie de conmoci�n en lugares apartados del pa�s. Creemos que esto es algo no menor, ya que exigir� compromisos serios en cada una de las acciones futuras que la desarrolle nuestra Fundaci�n.
* la recopilaci�n de informaci�n valiosa, de la que carec�an otras organizaciones dedicadas al tema (por ejemplo, una lista muy actualizada de nombres, direcciones y tel�fonos de cerca de 500 museos), ahora sistematizada en una base de datos que se utiliza como fuente para varios trabajos de investigaci�n de universidades y fundaciones a las que les hemos dado acceso.
* la formaci�n y capacitaci�n del equipo t�cnico que realiz� la lectura de los proyectos y adquiri� un know how en el proceso de monitoreo y seguimiento de los mismos.

Un punto de especial importancia es la buena relaci�n lograda con los ganadores. Indudablemente, deber�a facilitar el seguimiento de los proyectos. Como entidad "donante", la Fundaci�n YPF ha decidido no interferir con los mecanismos de evaluaci�n oportunamente sugeridos por los participantes en sus propios proyectos sino acompa�arlos en las distintas etapas propuestas, a trav�s de visitas e informes. La Fundaci�n dice que ejerce un monitoreo y no una evaluaci�n de la calidad de los contenidos: evidencia, de tal modo, que se trata de una instancia en la cual no interviene sino que s�lo observa. La finalidad dominante es registrar c�mo se fue realizando el proyecto, registro que compete tanto a la Fundaci�n como a los ganadores: lograrlo, a nuestro entender, deber�a facilitar su replicabilidad - uno de los objetivos m�s destacados del concurso.

Extractado del art�culo "El concurso de subsidios a la innovaci�n en museos de la Fundaci�n YPF de Argentina", de Ricardo Ferraro, Julia Buta y Oscar Delgado, publicado en Revista de Museolog�a N� 15, A�o IV, Asociaci�n Espa�ola de Muse�logos, Madrid, Espa�a, octubre de 1998.







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Fecha actualizaci�n: Mayo 2000