| La rubia dice adi�s |
| Por Antonio de Lorenzo |
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| La peseta tiene los meses contados. En enero del 2002 comenzar� en Espa�a un periodo transitorio donde los ciudadanos comenzar�n a familiarizarse con la nueva moneda europea. |
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Los monederos y carteras de los espa�oles deber�n
incluir dos compartimientos: uno para pesetas y otro para euros (con sus
correspondientes c�ntimos). Las calculadoras �que regalar�n como si fueran
caramelos� se convertir�n en el instrumento de moda durante los meses que se
avecinan. En poco tiempo, los espa�oles recurrir�n a la �cuenta de la vieja�
para descubrir que 1.000 pesetas equivalen a 6 euros
y que 30 euros vienen a ser lo mismo que 5.000
pesetas.
Para que nadie enloquezca con los n�meros, todos los
precios incluir�n las dos referencias monetarias hasta que, poco a poco, se
jubilen al sistema tradicional. Cuando eso suceda, los ciudadanos de todo el
mundo podr�n recorrer los principales pa�ses de Europa sin necesidad de
cambiar divisas
en
cada puesto fronterizo. En la memoria quedar� el experimento que en su d�a
realiz� un estadounidense a finales del siglo XX: aterriz� en Lisboa con un
d�lar en el bolsillo y se sorprendi�, al llegar a Alemania, que s�lo ten�a 40
centavos... �sin haber hecho otra cosa que cambiar su billete por las diferentes
divisas locales que se encontr� por el camino! (escudo portugu�s, peseta
espa�ola, franco franc�s y marco alem�n).
A partir de 2002, los turistas del
Viejo Continente emplear�n la misma divisa por los quince pa�ses que se han
subido al �eurotren�. Tambi�n les resultar� muy f�cil establecer
comparaciones de precios entre pa�ses
gracias al disponer de la misma referencia
monetaria.
A ciertas
empresas se les agotar� la posibilidad de aprovechar las devaluaciones
monetarias, para as� obtener ventajas competitivas en el exterior. A partir de
entonces s�lo servir� la mejora de la productividad y la eficacia en la gesti�n
de los recursos para ser competitivos. El sector exterior ser� el gran
beneficiado por los ahorros en las transferencias bancarias
y por
la eliminaci�n de incertidumbres relacionadas con el tipo de cambio. Los
tesoreros, en cambio, tendr�n que hacer horas extra para actualizar con el euro
sus procedimientos de contabilidad. A pesar de las advertencias, un gran n�mero
de PYMES sufrir� gravemente el nacimiento del euro, ya que la nueva moneda
sorprender� a las sociedades cuyas estructuras administrativas no se hayan
puesto al d�a.
Los comercios y sectores de distribuci�n sufrir�n una
intensa actividad ya que tendr�n que rotular el precio de todos los productos en
dos sistemas monetarios para, finalmente, dejarlos en euros. Las tablas
de conversi�n, folletos explicativos, m�quinas registradoras con doble cambio y
programas inform�ticos con dos formas de contar
ser�n algunas de las
innovaciones que se pondr�n en marcha a toda velocidad. El sector de la
distribuci�n comercial habr� destinado antes del 2002 entre 1.000 y 1.300
millones de euros (150.000 y 200.000 millones de pesetas) para amoldarse a la
moneda �nica.
Los bancos y cajas de ahorros deber�n
reponerse del duro golpe que les
representar� tanto la p�rdida de negocio de moneda extranjera,
como las importantes inversiones realizadas para reacomodar sus respectivas
infraestructuras a las nuevas condiciones del mercado. Los bancos pasar�n de
operar en pesetas a simultanear esta divisa con euros para, finalmente, trabajar
�nicamente con la moneda europea. El Deutsche Bank habr� invertir� 212 millones
de euros (400 millones de marcos) en sus preparativos para la moneda �nica,
mientras que bancos espa�oles como el BBV destinar�n cerca de 80 millones de
euros (12.000 millones de pesetas), una cantidad similar a la del Banco
Santander. Banesto ha presupuestado 73 millones de euros (11.000 millones de
pesetas), poco m�s del doble que el Popular. La mayor parte de los gastos (la
mitad) se centrar�n en
la actualizaci�n de la tecnolog�a inform�tica.
| | Adi�s a nuestra "rubia" | El euro tambi�n
trastornar� a miles de sistemas de pago autom�tico y m�quinas expendedoras de
tabaco, refrescos, golosinas, surtidores de gasolinas y cajeros autom�ticos. Sin
prisa, pero sin pausa, todos ellos sufrir�n una completa
transformaci�n
para adecuarse a las nuevas complejidades del euro. Los
bancos y oficinas de compra-venta de divisas perder�n todo el negocio
relacionado con las comisiones por costes de cambio, que represent� a finales de
la d�cada pasado casi el 5% del total de sus ingresos. Algunas autoridades
financieras han asegurado que las ventajas econ�micas que proporcionar�n la
moneda �nica en Espa�a se cifrar�n en los primeros a�os de implantaci�n en 3,37
billones de pesetas.
Lo que
valga mil pesetas, por ejemplo, muy pronto habr� que dividirlo entre 166,386 y
el resultado ser� 6,01 euros; es decir, seis euros y un c�ntimo (es decir,
tendremos que volver a calcular en c�ntimos, como lo hac�an los abuelos). En el
futuro, si un producto est� marcado en tres euros, habr� que multiplicarlo por
166,386; su precio, en la moneda actual, equivaldr� a 499 pesetas. Todo
seguir� costando lo mismo...
s�lo que expresado en euros.
Todas las grandes empresas, comercios y bancos se las apa�ar�n para que cada
ciudadano reciba en el a�o 2002 directamente, en euros, sus recibos de caja, sus
res�menes bancarios, sus n�minas, sus pensiones...
QU�
HACER CON LAS VIEJAS PESETAS Todas las entidades bancarias se encargar�n de recoger los
viejos billetes expresados en pesetas, as� como todas las monedas que lleguen a
su alcance entre enero y junio del 2002. Todo ese dineral se
canjear� por euro y el asunto quedar� resuelto en un santiam�n. El dinero que
aparece en las cuentas corrientes y cartillas de ahorro ser� �traducido� de
pesetas a euro y el asunto quedar� zanjado para siempre. Salvo aquellos que
quieran guardarse un pu�ado de monedas para ense��rselas a sus descendientes,
todas las personas cambiar�n a tiempo sus pesetas (en junio del 2002 terminar�
el plazo para convertir en euro los m�s de 12.000 millones de billetes y las m�s
de 70.000 millones de monedas espa�olas).
Los que lo tendr�n m�s
complicado son aquellos que hayan atesorado grandes sumas de dinero en met�lico
(en pesetas), cuya procedencia sea de dif�cil justificaci�n.
Cerca
tres billones de pesetas sospechosos (en billetes grandes y hasta entonces escondidos
bajo un ladrillo o en una caja fuerte) ver�n la luz y
se blanquear�n puesto que los billetes de toda la vida se convertir�n en simples
papeles sin ning�n valor a partir de junio del 2002. |
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