El uso tan concreto que
tienen estas viviendas, en cuyo interior se pasa relativamente poco tiempo, y
que son m�s c�modas cuanto mejor acogen unos invitados inesperados, provoca,
muchas veces, que se llenen de una sola vez con conjuntos de muebles demasiado
impersonales, en pos de una funcionalidad mal entendida.
Sin embargo,
es posible decorar la casa de vacaciones de una forma ingeniosa, flexible y poco costosa, de
forma que no haya que renunciar a un entorno agradable en los per�odos m�s
l�dicos de cada a�o.
En vacaciones cambian nuestras necesidades. Para el espacio
�ntimo de cada ocupante de la casa s�lo es necesario un sitio donde dormir; para
tomar un caf�, leer o ver la televisi�n podemos prescindir de la privacidad de
un cuarto propio. Es muy agradable, sin embargo, disponer de espacios c�modos
donde todos los invitados puedan tanto conversar como apartarse para disfrutar
del paisaje. En la casa de vacaciones es m�s �til aprovechar el espacio como
lugares de estancia que reproducir la organizaci�n de una vivienda
convencional.
Es muy �til
que los dormitorios puedan albergar a
m�s de una persona, pues a todos nos gusta recibir invitados y compartir
nuestro tiempo de una forma que en la vida diaria no nos es accesible. Los futones, que pueden enrollarse o
apilarse f�cilmente, son una soluci�n id�nea para las camas improvisadas; las hamacas son bonitas, divertidas y
tienen un irresistible referente a la placidez de la vida en el tr�pico, pero no
todo el mundo es capaz de dormir en ellas. La intimidad de cada durmiente se
conseguir� con particiones m�viles: biombos o sorprendentes cortinas de cuentas
que colgamos de anclajes preinstalados en el techo son f�ciles de colocar si los
necesitamos, y pueden retirarse igual de c�modamente cuando el cuarto es para
una sola persona; los mosquiteros, tan pr�cticos en el verano, son otra pantalla
visual que a�sla convenientemente cada cama.
Un mobiliario sencillo hasta el extremo es
un aliado, porque es barato y no caracteriza la habitaci�n impidiendo modificar
la distribuci�n: una barra colgada para la ropa es suficiente, y no es dif�cil
de compartir; podemos evitar el cabecero empleando el color en dos paredes no
consecutivas, de manera que hay decoraci�n en el ambiente sin ocupar
ning�n espacio. Una balda de f�brica que recorre, a 50 cm del suelo, todo el
contorno de la habitaci�n, sirve de asiento, como mesilla, para almacenar la
ropa e, incluso, si es suficientemente ancha, como soporte para una colchoneta
donde dormir.
Un pavimento igual para todas las
habitaciones, oscuro para que una mancha accidental no nos arruine la tarde,
f�cil de limpiar con una fregona, es una excelente elecci�n. La baldosa cer�mica
catalana, que sirve tanto en exterior como en interior, se avala con una
tradici�n centenaria, a la vez que tiene una textura y un color muy
gratos.
La cocina no
necesita todos los accesorios con lo que contamos en nuestra casa habitual.
Basta una encimera de obra con una placa sobre ella, con sitio para los
electrodom�sticos debajo. Ya que la gastronom�a vacacional tiende a ser muy
sencilla, no es descabellado considerar la cocina incluso como una parte del
sal�n.
Los sitios
para estar siempre est�n muy vinculados
con el exterior, que es el protagonista de las vacaciones. Si damos una
continuidad al mobiliario dentro y fuera, estaremos mejorando la relaci�n entre
el interior y el exterior, ampliando ambos espacios, uno sobre el otro. Los
muebles deben ser c�modos, pensados sobre todo para tumbarse, charlar o dormir
la siesta. Los pufs en el suelo,
tapizados con un tejido f�cil de lavar, las colchonetas desenfundables con
colores vivos, los m�dulos de asiento, la referencia a oriente en los muebles de
bamb�, m�dula y mimbre, son una soluci�n estupenda y barat�sima para decorar
estos espacios.